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Quiero vender mi empresa. ¿Qué hago?

En todo proceso de venta, ya sea de una empresa, servicios, productos, etc., debemos tener una actitud positiva y transmitirla. La falta de actitud, que parece una perogrullada, es más habitual de lo que parece un lance excepcional. En el caso que vamos a plantear en este artículo nos ceñimos a la venta de una empresa, que además de las que imaginamos como fábricas, explotaciones agrícolas, unidades de servicios, también pueden ser puestos de venta en mercados o consultorios médicos como ejemplos poco corriente.

Uno de los elementos clave en este proceso es el plan que debemos trazar y seguir. Evidentemente rodearse de personal competente para afrontar este proceso puede marcar la delgada línea del éxito al fracaso.

Esta planificación debe tener un objetivo y es el que además de la concretar la venta nos paguen un precio justo por ella. En ese camino estratégico debemos contemplar variables que no sólo intervienen en el acto propiamente dicho, sino también futuribles como impuestos, transmisiones, herencias y demás figuras que pueden penalizar seriamente al vendedor luego de realizada la operación.

El momento oportuno, independientemente del motivo por el cual decidimos poner en venta nuestra empresa siempre hay un período favorable a dicha acción. Ya sea estacional, por facturación, por agotamiento del sector etc. este “momento” excepto en situaciones apremiantes nos abrirá una ventana de tiempo donde será más fácil colocar al mejor precio nuestra empresa en venta.

Por otro lado hay que tener en cuenta tres aspectos importantes:

Situación personal: qué haremos en el futuro, con cuantos recursos cuento para afrontar ese futuro, como organizo mi patrimonio y sus herederos ante este cambio.

Situación jurídica y fiscal: en este punto es determinante ser asesorado por especialistas, toda transmisión y venta debe preverse desde este punto ya que puede ser un valor determinante ante el cierre de la misma.

Situación de la empresa: puntos fuertes y débiles, cambios necesarios antes de la venta y nivel de inversión necesario para mantener la actividad.

Poner este proceso en manos expertas nos aportará una cierta distancia a la hora de tomar decisiones sin presión y sobre todo tranquilidad ante la carga de trabajo que supone preparar toda la información, auditorías, contratos y detalles que nos pedirá la parte compradora.

Pero por si esto fuera poco hay un pormenor absolutamente fundamental. 

El proceso de búsqueda de comprador, muchas veces delicado por el valor de la información confidencial que debemos transmitir. Cómo, cuándo y dónde se hace esta búsqueda es labor de un gestor externo que mantendrá la confidencialidad del vendedor y sobre todo luchará por un precio acorde a las expectativas del propietario.