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Cuando decir no a un cliente puede ser una ventaja.

Quizás no sea la frase  adecuada el decir no a un cliente para obtener una ventaja, pero sí lo es la imagen que proyectaremos de seriedad y responsabilidad.

Vivimos en un mercado económico cambiante y la supervivencia de las empresas pequeñas suele hacer  equilibrio entre aceptar un pedido, un contrato, un servicio y desestimarlo. Ese miedo que ronda constantemente al responsable de una carpintería, textil, taller de mecanizado o cuantos ejemplos se nos ocurran, hace que  decir no a un encargo nos lleve a pensar a que luego lamentaremos esa respuesta.    

Sucede que pasamos temporadas sin una gran carga de trabajo y justamente cuando empieza a despertarse el mercado nos empezamos a saturar de encargos. Aquí es cuando se abre el dilema que arriba vislumbramos. ¿Aceptamos todo o tenemos que decidir que y que no?

Porque lo normal sería precisar los plazos de entrega y fabricación pero cuando este detalle se convierte en un problema es cuando la línea colapsa. Es verdad que normalmente cada uno conoce su sector y sus clientes,  pero también es real que muchas veces el árbol no nos deja ver el bosque y decimos a todo sí y es cuando empezamos a proveernos de un repertorio de excusas para explicar los retrasos.

Todo esto va en detrimento de la calidad y seriedad de la empresa y del empresario y excepto que sea un mercado tan cerrado que dominemos a nuestro antojo y nos perdone  ejercer ese absolutismo (totalmente negativo) no hay motivo añadido para seguir socavando nuestro futuro.

No hace falta recordar que los malos detalles son los que normalmente recuerda nuestra clientela, los buenos también, pero son los negativos los que harán dudar sobre la continuidad de un proveedor.

Los ejemplos abundan y todos hemos pasado por esas situaciones incomprensibles donde nos han dado un plazo que no se cumple y que, además, nos dan unas excusas que mientras más tiempo pasa más inverosímiles se vuelven. Es difícil que repitamos.

Tenemos que mentalizarnos y trabajar sobre realidades factibles, es mucho más eficiente decir a un cliente que no podremos atender su pedido en el plazo habitual o en las fechas normales de entrega debido a una sobrecarga que no decir nada y llegado el momento tratar de justificar un retraso.

Si finalmente se acepta el encargo a pesar de los avisos dados es una buena praxis  avisar al cliente en el momento que su pedido ha entrado en producción y a partir de ese momento el plazo de entrega real.

Pequeños detalles que marcan la diferencia. Si tienes una empresa hazla crecer poniendo todo tu empeño y seriedad, sino formarás parte del resto.