Trabajar bajo presión. ¿Falla la planificación?

¿Por qué siempre que analizamos un puesto de trabajo a cubrir nos llama la atención la palabra acostumbrados a trabajar bajo presión?  En el mal sentido de la palabra, “bajo presión” significa urgencias, gritos, estrés, condiciones inadecuadas. En la mayoría de los casos puede ser así, pero lo que realmente debe significar el término es afrontar imprevistos de manera más o menos solvente.

Lamentablemente todos tenemos referencias sobre situaciones traumáticas vividas en el ámbito laboral relacionadas con la presión sufrida durante un período más o menos prolongado de tiempo al realizar tareas que se complican debido a situaciones externas, internas, casuales o imprevistas.

Además de lo que imaginamos sobre el peso de la responsabilidad en algunas tareas debemos sumar la óptima preparación del individuo para afrontarla. La carencia de aptitudes acaba derivando en una mala actitud, es un mecanismo de defensa que aflora para tratar de proteger el puesto de trabajo.

Por todo esto la mejor opción que tiene una empresa comprometida con su personal, formando equipo para llegar a los objetivos pensados, es trazar una planificación adecuada a cada puesto y tarea, una organización de los mecanismos para llevarla a cabo y la priorización de las necesidades.

Leemos en artículos relacionados con el mundo empresarial y de los recursos humanos que trabajar bajo presión aumenta la productividad e incrementa la actividad del individuo. La realidad nos aconseja lo contrario, este tipo de situaciones normalmente acaba en problemas de estrés los suficientemente graves, perjudiciales para la salud del trabajador y por ende para la empresa.

Tenemos presente numerosos casos de ambientes laborales sometidos a presión cuyas consecuencias letales vieron la luz en la prensa mundial.  

Si comprometemos nuestro personal para que funcione como un engranaje, donde cada uno tiene responsabilidad sobre su área y se esmera en realizar sus funciones de la manera para la que ha sido contratado, debería fluir unidireccionalmente hacia el éxito.

La motivación, la formación y el liderazgo deben ocupar un lugar preponderante dentro de una organización.

Una consultoría integral de recursos humanos en la empresa nos ayuda a visualizar un mapa cuyo camino hacia el éxito pasa por acoplar personas en un entorno laboral óptimo.